6 de diciembre de 2009

LAS EMOCIONES Y EL KARMA

                                                 






La principales y más graves o intensas emociones que conforman nuestro karma negativo en relación a nuestro diario vivir, o en el entorno en donde nos relacionamos y desenvolvemos, son las emociones negativas de la ira, el enfado, el mal humor, el odio, el rencor, los celos y la envidia, la ambición, el orgullo.

 
Las emociones negativas de la ira y el enfado pueden ser la consecuencia del miedo y el temor, de traumas que engendraron aversión, fobias y manías hacia las cosas, seres o personas que engendraron de alguna manera esos miedos y esos traumas, hicieron algo que nos causó disgusto, daño, malestar, dolor, resentimiento, miedo, pánico, temor.

El resultado de esas acciones o experiencias causadas por los demás hacia nosotros que han generado miedo, pánico, dolor, desilusión, humillación, complejos, etc. es casi siempre, el odio, el rencor, la aversión y del deseo de devolver la misma moneda al causante, es decir la venganza a causa del odio y el rencor.


La relación que tenemos con los demás en nuestro diario vivir, las experiencias, tanto sean positivas como negativas, son el resultado de las emociones que llevamos unos y otros, generadas, tanto en el pasado, como en el presente, a causa de nuestra manera de ser y nuestro estado emocional, y, que han creado estados inconscientes de simpatías y antipatías entre las personas con las que nos relacionamos. Es más, las personas, seres y cosas con las que nos relacionamos, positiva o negativamente se relacionan con nosotros porque existe un karma creado en el pasado y ese karma, fué producido por las buenas o malas relaciones que generaron emociones y esas emociones permanecen en la memoria, y determinan nuestro futuro, determina con quién o con quienes nos vamos a relacionar y de qué manera, las experiencias que vamos a tener o a generar entre unos y otros. Las emociones derivadas de las experiencias del pasado, determinan nuestro actual presente, nuestro actual destino, nuestro karma. Nuestro karma tiene una relación directa con las experiencias del pasado y con las emociones resultantes de las mismas con cada una de las personas y cosas, en el entorno con que o en donde nos hemos relacionado.



Nuestras emociones almacenadas en nuestro subconsciente determinan la forma en que preconcebimos y juzgamos a los demás, sin casi conocerlos, o también, cómo, a veces, sabemos cómo es una persona, casi sin conocerla. Son la causa de las simpatías y de las antipatías que sentimos de manera irracional, muchas veces hacia alguien o hacia algo, las fobias, la aversión, el rechazo, que alguien te caiga mal, pero también, si las emociones guardadas son positivas, sentiremos simpatía, agrado, afinidad, cariño, empatía y deseo de beneficiar a la persona o cosa en cuestión.



Nuestras emociones determinan nuestros tendencias y hábitos hacia las cosas, nuestros deseos hacia algo en concreto o hacia alguien, nuestras aversiones, apegos, apetitos y por tanto, todo lo que hacemos, aquello que deseamos y perseguimos como aquello que rechazamos y no deseamos tiene que ver con nuestras emociones.


Nuestras emociones inconscientes condicionan mecánicamente nuestra vida y todo lo que hacemos y todo lo que nos sucede.


Para cambiar nuestro destino, no basta cambiar nuestras emociones, no olvidemos que aunque nosotros cambiemos las nuestras y modifiquemos nuestra visión hacia algo, es posible que los demás no lo hagan y, a pesar de que nosotros no deseamos nada malo hacia una determinada persona o cosa, recibamos un tratamiento hostil.



Por tanto, nuestro karma no solo depende de nosotros mismos, de que seamos capaces de modificar nuestras emociones y nuestro comportamiento, sino, también de que los demás lo hagan y nos perdonen, porque es posible que si ellos tienen malas emociones guardadas, es, porque posiblemente nosotros les hallamos causado algún daño.



Para modificar nuestro karma, es necesario, primero perdonar nosotros y luego, que nuestro enemigo desee también perdonar y olvidar. Por eso, no siempre el trabajo sobre nuestras emociones y su purificación impiden que tal o cuál suceso o karma pueda evitarse.



Es importante comprender esto, no siempre puede evitarse las consecuencias de nuestras pasadas acciones y relaciones con los demás, es necesario que los demás también deseen perdonar. Lo normal es que nuestro enemigo desee venganza y a pesar de que nosotros ya no lo deseamos ningún mal, tengamos que sufrir el embate de su venganza y su ira. Ante esta situación o este tipo de situación, la mejor actitud es una actitud de humildad y mansedumbre, poner la otra mejilla, como dijo Jesús y no reaccionar con violencia, sino con perdón. Cuando nuestro enemigo ve que no reaccionamos con violencia y ha saciado su venganza, siente pena y se da cuenta de su error, porque nosotros le hemos mostrado la no violencia, la actitud del diálogo, le hemos dado ejemplo. Esta es la manera en que podemos terminar un mal karma que tenemos con alguien que no desea perdonar, es la única manera, de lo contrario, el conflicto durará eternamente, porque cada vez habrá más rencor y deseos mutuos de venganza, en el futuro y la beligerancia será eterna. Esto es lo que hace que los conflictos en el mundo sean repetitivos, las guerras, los enfrentamientos, la competencia entre pueblos, tribus, clanes.


El odio, el miedo, la aversión…es la causa de que en el mundo se hallan establecido límites y fronteras, porque tenemos miedo y emociones negativas ocultas del pasado producto de esas malas experiencias y malas relaciones y de malos entendidos. Nos hemos invadido los unos a los otros, hemos cometido genocidios y exterminios en masa a otros pueblos, muchas veces por codicia, ambición y envidia, porque somos unos ladrones y otras, porque tenemos miedo. Las emociones escondidas en nuestro subconsciente es lo que hace que estemos encerrados en un espacio y tiempo cíclicos.


Quién quiera liberase de esta rueda mecánica de espacio tiempo tiene, inevitablemente que entrar en contacto con su subconsciente y limpiar todo lo que se ha ido guardando a través del tiempo, vida tras vida y además, dar ejemplo a los demás para que se sientan estimulados a seguir nuestra actitud de no violencia. Es un camino no fácil, pero ese es el camino, pero tampoco es imposible.

Es un camino que requiere un trabajo, una disciplina, una dedicación y una continuidad y perseverancia, vida tras vida y normalmente las personas están preocupadas por otras cosas y no desean ni entienden para qué es necesario hacer esfuerzo alguno, que no sea luchar por cosas materiales y pasarlo bien, no se dan cuenta de que están encerrados en el tiempo y esto es lamentable, no darse cuenta de que estamos girando y girando, desde hace miles de millones de años, haciendo y persiguiendo siempre lo mismo.


Las emociones que tenemos conforman nuestra manera de ser, pensar y actuar y determinan nuestra vibración personal, una mala o buena vibración que se percibe intuitivamente por los demás. Por ello, no importa lo que aparentemos o queramos o deseemos aparentar, no importa que impresionemos a los demás con nuestras palabras o con nuestra forma aparente de ser. Cuando una persona ha cultivado la mansedumbre, la humildad la compasión, todo eso es percibido por los demás, no necesitamos decir ni una palabra ni convencer a nadie con discursos fanáticos o llenos de buenas intenciones.

Existe un proverbio Zen que dice: “El que sabe no habla y que habla no sabe” Es hora de hablar menos y callar más.

Poco importan las ideas y las apariencias, lo importante son los hechos y la única manera de saber si uno de verdad está cultivando la no violencia, la mansedumbre, la humildad y la compasión es cuando pasas por situaciones que nos ponen a prueba.

 
Por tanto, pasar por experiencias indeseables no es signo de que uno valla por mal camino, ni mucho menos, es señal de que existe un karma del pasado que tenemos la ocasión de cortar para siempre, si tenemos la actitud consciente necesaria y adecuada, que nos permita pasar por situaciones difícles e indeseables sin caer en la desesperación o en la depresión.




El hecho de que una persona tenga muchas experiencias dolorosas e indeseables es señal que en el pasado hizo cosas que ahora debe asumir de manera responsable,¡nada más!, demostrando madurez y responsabilidad.

Muchas personas no entienden lo que es el karma, a qué obedece ni la forma en que opera y juzgan a los demás diciendo: Este hombre no debe ser muy buena persona, o es un pobre desgraciado; o también, escuchamos que fulanito o menganito era o es buena persona, no ser merece lo que está pasando…

Ninguna de estas actitudes demuestra un conocimiento de lo que es el karma ni como opera. Por supuesto, es preferible apiadarse de los demás y decir que no se lo merece, pero en realidad, todo lo que nos sucede, todo lo que le puede suceder a cualquiera, lo bueno y lo malo, seamos niños, adolescentes, adultos, mayores, sea a quién sea y sea lo que sea, tiene unas causas, generalmente ubicadas en el pasado. Esto no debe servir para justificar el sufrimiento de nadie y decir, que entonces, se merece todo lo que le está pasando.



Es preferible, siempre apiadarse y sentir compasión e intentar ayudar si nos resulta posible, pero también debemos de comprender el porqué, aún y cuando queremos ayudar a alguien no es posible, porque existe un karma que tiene que asumir, un destino que tiene mostrarle algo, un destino que tiene que ayudarle a hacer un cambio de actitud, para que pueda mejorar y evitar los mismos errores que cometió en el pasado.

 
Y es posible que si le ayudamos, con todas nuestras buenas intenciones, tal vez, lo hagamos de manera temporal y no definitiva y que todo vuelva a su anterior situación, porque, en realidad, las causas de su presente están en el pasado y su pasado está en su mente, en sus emociones, en sus deseos, en sus miedos, en sus traumas, en todas sus posibles limitaciones.


Recuerdo a una persona que estaba pidiendo limosna por las casas. Un día llamó a mi puerta y le dí limosna. Otro día volvió e hice lo mismo. Otro día volvió con su esposa y supe que tenía tres hijos, entonces le dí cierta cantidad de dinero para que pudieran comer durante ese mes y los mantuve durante un tiempo, mientras trataba de ayudarles a encontrar un trabajo.

A ella le conseguí un trabajo como cocinera y a él, como cobrador de recibos en una empresa en la que yo había trabajado. También le encontré algunos trabajos de albañilería que necesitaban personas conocidas.

Bien, en el primer trabajo se apropió de dinero y estuvo a punto de ser denunciado y metido en la cárcel. Los trabajos de albañilería sucedió algo parecido, dejaba dichos trabajos sin terminar y habiendo pedido dinero por adelantado, se quedaba con él y la verdad, es que ya no tenía necesidad de hacer eso.

A ella no le querían pagar en el trabajo de cocinera, a pesar de que se portaba bien y hacía bien su trabajo y era responsable. Por ella intercedí poniendo una denuncia en contra del empresario. Ganamos el juicio y percibió una indemnización, pero por él me fue imposible ayudarlo más y no sólo eso, a día de hoy sigue en su misma situación, pidiendo y utilizando a los hijos y a su mujer para pedir limosna.


Es triste esto, pudo haber cambiado su vida, vivir incluso mejor y de manera más digna, sin embargo nada de esto significa que sea digno del posible dolor que pueda experimentar o del que ha de experimentar cuando sea viejo y esté enfermo y no pueda ni siquiera pedir y tenga que dormir en la calle.


Tarde o temprano tendrá que aprender y reflexionar. Lo peor es para su esposa y el futuro de sus hijos.

Sea lo que sea, todo lo que les pueda suceder será para enseñarles, más nunca para justificar el dolor y el sufrimiento, que espero y deseo que no les alcance y que puedan trascender toda situación de sufrimiento que pueda presentarse en sus vidas.





Santiago de Compostela, a 6 de diciembre de 2009.









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